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Parte superior del Camino Viejo |
El Camino Viejo de Tomares: Un legado histórico que une Sevilla y el Aljarafe
A finales del siglo XII, Sevilla vivía uno de sus periodos de mayor esplendor comercial y cultural bajo el dominio almohade. La ciudad se había convertido en un importante núcleo de intercambio entre Europa, el norte de África y Oriente, atrayendo a mercaderes, artesanos y viajeros de todo el mundo conocido. Fue en este contexto de prosperidad cuando el califa Abu Yacub Yusuf ordenó la construcción de un puente que cambiaría para siempre la conexión entre Sevilla y su entorno: el puente de Barcas en Triana.
Este puente, compuesto por barcas unidas entre sí, no solo facilitó el cruce del río Guadalquivir, sino que también marcó el inicio de una nueva ruta hacia el Aljarafe, una comarca fértil y estratégica al oeste de Sevilla. A partir de este punto, se creó el Camino de Sevilla, una vía que conectaba la capital con las localidades del Aljarafe, entre ellas Tomares. Este camino, que hoy atraviesa la barriada de Camino Viejo, se convirtió en una de las principales arterias de comunicación de la región.
El puente de Barcas: Un hito en la historia de Sevilla
El puente de Barcas, construido en 1171, fue una obra de ingeniería pionera para su época. Su ubicación en Triana permitió a Sevilla expandir su influencia hacia el Aljarafe, una zona rica en recursos agrícolas como el olivo, la vid y los cereales. Durante más de siete siglos, este puente fue la única conexión estable entre la capital y el arrabal de Triana, así como con las poblaciones aljarafeñas. Su importancia no solo radicaba en el comercio, sino también en el movimiento de personas, ideas y culturas.
El Camino de Sevilla, que partía desde el puente, se convirtió en una ruta fundamental para el transporte de mercancías y el tránsito de viajeros. Tomares, situada en pleno Aljarafe, se benefició de esta vía, consolidándose como un enclave estratégico en la red de caminos que unían la región.
Tomares y el Camino Viejo: Un vínculo histórico
El Camino Viejo, como se conoce hoy en día, es el testimonio vivo de aquella ruta histórica. A lo largo de los siglos, este camino ha sido testigo del paso de caravanas de mercaderes, peregrinos, ejércitos y campesinos que se dirigían a Sevilla o partían hacia el Aljarafe. Su trazado, que aún conserva parte de su esencia original, nos permite imaginar cómo era el viaje entre estas tierras en épocas pasadas.
En la actualidad, el Camino Viejo sigue existiendo como una calle que mantiene vivo el recuerdo de aquella antigua vía. Esta calle, que conserva el nombre de Camino Viejo, es un homenaje a su pasado histórico y un recordatorio de su importancia como eje de comunicación entre Sevilla y Tomares. Al recorrerla, es posible sentir la huella de aquellos que la transitaron siglos atrás, desde los mercaderes almohades hasta los campesinos que llevaban sus productos a la capital.
La cruz del Camino Viejo: Un símbolo de fe y tradición
En la parte superior del Camino Viejo, donde la calle se eleva y ofrece una vista panorámica del entorno, se encuentra una cruz que ha sido testigo silencioso del paso del tiempo. Esta cruz, cuyo origen se remonta a épocas posteriores a la dominación almohade, es un símbolo de la profunda religiosidad que ha caracterizado a la región a lo largo de los siglos. Su presencia en este lugar no es casual; las cruces en los caminos eran comunes en la Edad Media y la Edad Moderna, sirviendo como puntos de referencia, lugares de oración y protección para los viajeros.
La cruz del Camino Viejo, además de su significado espiritual, es un elemento que conecta el pasado con el presente. Para los habitantes de Tomares, este símbolo es parte de su identidad y un recordatorio de las raíces históricas y culturales que han dado forma a su comunidad.
Un legado que perdura
Hoy, el Camino Viejo es más que una simple vía; es un símbolo del rico patrimonio histórico y cultural que une a Sevilla con Tomares y el Aljarafe. Aunque el puente de Barcas desapareció en el siglo XIX, sustituido por el actual Puente de Triana, su legado sigue vivo en el trazado de este camino y en la memoria de quienes lo recorren.
Recorrer el Camino Viejo es, en cierto modo, viajar en el tiempo. Es descubrir cómo una ruta creada hace más de ocho siglos sigue siendo parte fundamental de la identidad de Tomares y de su conexión con Sevilla. La calle que hoy lleva su nombre y la cruz que la corona son testigos mudos de una historia que sigue viva en cada paso, en cada piedra y en cada rincón de este emblemático camino.