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Monasterio de la Cartuja en Sevilla |
Los Cartujos en Tomares: Un Capítulo Fundamental en la Historia Monástica y Local
Los Cartujos tienen una notable presencia en Tomares debido a la transformación de la ermita de Santa María de las Cuevas en monasterio a comienzos del siglo XV. En 1394, los franciscanos levantaron la ermita, que fue dedicada a la Virgen María. Seis años después, en 1400, el arzobispo de Sevilla obtuvo permiso para fundar un monasterio cartujo en el lugar, iniciando así la conversión de la ermita en un centro monástico más grande.
El establecimiento del monasterio en Tomares fue resultado de un acuerdo entre el arzobispo y los franciscanos, quienes cedieron la ermita a cambio de la propiedad del Castillo de San Juan de Aznalfarache. La ermita pasó a manos de la Orden Cartuja, que consolidó su presencia en la región.
Antes de convertirse en ermita, el lugar había sido utilizado por los almohades en el siglo XII para la producción alfarera, aprovechando la proximidad al río Guadalquivir y la abundancia de arcillas en la zona. Esta tradición continuó en los siglos posteriores, especialmente con los alfareros de Triana.
Según una leyenda de 1248, tras la Reconquista, se encontró una imagen de la Virgen María en una de las cuevas del lugar, lo que llevó a la construcción de la ermita. A finales del siglo XIV, la ermita estuvo bajo la dirección de la Orden Franciscana.
Con la llegada de los cartujos en 1400, el monasterio se convirtió en un centro religioso y espiritual influyente, y la comunidad cartuja se benefició de tierras y propiedades que adquirió con el tiempo, consolidando su presencia en la región.
La intervención de Don Fernando de Torres y su legado en Tomares
Uno de los momentos más importantes en la historia del Monasterio de Santa María de las Cuevas y su relación con Tomares fue la intervención de Don Fernando de Torres, prior del monasterio entre 1410 y 1467. Este personaje, que desempeñó un papel clave en la consolidación de la comunidad cartuja, dejó un legado duradero, especialmente para la localidad de Tomares. Su influencia trascendió lo meramente religioso, pues su actuación contribuyó a un desarrollo económico y social significativo para la zona.
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Alquería de Esteban de Arones en el mapa de Obando de 1628 |
Al final de su vida, Don Fernando de Torres tomó una decisión trascendental para el futuro del monasterio y su relación con Tomares. En su testamento, cedió a la comunidad cartuja la alquería de Esteban de Arones, una propiedad agrícola que estaba situada en el municipio de Tomares, en una zona que, por su proximidad al río Guadalquivir, era propensa a las frecuentes inundaciones. Esta alquería, conocida por su vulnerabilidad a las crecidas del río, fue designada por Don Fernando para ser un refugio seguro para los monjes cartujos en tiempos de inundaciones, lo que fue de gran importancia, dado que la zona del Guadalquivir solía sufrir intensas crecidas que afectaban a las tierras circundantes.
La alquería de Esteban de Arones no solo cumplía con una función de refugio, sino que, al ser cedida a los cartujos, se transformó en un centro productivo clave para el monasterio. Los monjes cartujos, conocidos por su vida eremítica y austera, también eran expertos en la gestión de tierras y la producción agrícola, lo que les permitió aprovechar las tierras de la alquería para desarrollar diversas actividades agrícolas. Esta explotación agrícola no solo ayudó a proporcionar alimentos para la comunidad monástica, sino que también contribuyó a la autosuficiencia del monasterio, un aspecto crucial en la vida de los cartujos, que se caracterizaban por su independencia material para poder dedicarse plenamente a la oración y la meditación.
La gestión de la alquería de Esteban de Arones incluyó la siembra de diversos cultivos, tales como cereales, viñedos, huertas y olivos, y el desarrollo de actividades ganaderas. Además, la cercanía al Guadalquivir permitió a los monjes aprovechar el agua del río para riego, lo que les permitió maximizar la productividad de las tierras, incluso en épocas de sequía. De este modo, la alquería se convirtió en un punto neurálgico en la estructura económica del monasterio, permitiendo a la comunidad cartuja abastecerse de los recursos necesarios sin depender de fuentes externas, un principio clave para la vida monástica cartuja.
El legado de Don Fernando de Torres, por tanto, no solo tuvo un impacto religioso, sino que también fortaleció la conexión del monasterio con la comunidad local, al ofrecer a los cartujos un espacio donde vivir y trabajar, al mismo tiempo que se protegía el patrimonio monástico en una época de posibles inestabilidad y desastres naturales. La alquería de Esteban de Arones se convirtió en un símbolo de la relación entre la monarquía local, la Iglesia y las tierras de Tomares, consolidando la presencia de la Orden Cartuja en la zona y su influencia en la agricultura y el desarrollo económico del municipio.
Este legado perduró a lo largo de los siglos, ya que la comunidad cartuja continuó gestionando las tierras de la alquería, aumentando su prosperidad e influencia en la región, hasta que las expropiaciones y cambios en las leyes agrarias y religiosas, en el siglo XIX, afectaron al monasterio y sus propiedades. Sin embargo, el legado de Don Fernando de Torres y su contribución al establecimiento de la comunidad cartuja en Tomares sigue siendo un hito importante en la historia local, pues marcó un punto de inflexión en la historia del monasterio y en el desarrollo económico de la localidad, consolidando la presencia de la Orden Cartuja en la región.