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jueves, 30 de enero de 2025

TOMARES EN EL SIGLO XIV: DE FORTALEZA ASEDIADA A VILLA EN CRECIMIENTO



    Tomares en el siglo XIV: De fortaleza asediada a villa en crecimiento

    El siglo XIV fue una época de transformación para Tomares. Durante los siglos anteriores, la inestabilidad provocada por incursiones (ataques y razias de grupos musulmanes desde el Reino de Granada y otras zonas fronterizas) había marcado el devenir de la población. Sin embargo, con el reinado de Alfonso XI "el Justiciero" (1312-1350), un rey muy activo en la lucha contra los nazaríes de Granada (logró importantes victorias, como la conquista de Algeciras en 1344), consiguiendo estabilizar la frontera con el reino nazarí tras 76 años de lucha continuada. Esto permitió reducir los ataques en el Aljarafe sevillano y la consiguiente repoblación y desarrollo de la comarca. Es a partir de entonces cuando Tomares inicia un proceso de resurgimiento que la consolida como un núcleo habitado y estructurado dentro del Aljarafe sevillano.

Alfonso XI de Castilla

    En este periodo, Tomares presentaba una estructura fortificada con forma de pentágono, protegida por murallas y torres defensivas. Entre sus puntos clave se encontraba la Torre del Conde, situada en la actual zona de Aljamar Alto y el Garrotal (antiguo Zaudín Bajo), extendiéndose hacia la zona donde hoy se encuentra el colegio Al-Ándalus, descendiendo por la capilla del parque hasta la Torre de Navarro. De las tres torres que protegían el enclave, una de origen musulmán, ubicada junto a la actual Peña Sevillista, ha desaparecido con el paso del tiempo.

    El crecimiento de la población fue una de las principales consecuencias de la pacificación de la zona. Al amparo de la relativa estabilidad, Tomares comenzó a expandirse más allá de sus murallas, dando lugar a un aumento demográfico significativo para la época, alcanzando aproximadamente 150 habitantes. Esta expansión supuso también una transformación en la organización y aprovechamiento del territorio, especialmente en lo que respecta a las actividades agrícolas.

    En este aspecto, la Orden de San Juan jugó un papel fundamental en la enseñanza y fomento del cultivo del campo. Como orden militar y religiosa, no solo contribuyó a la defensa y administración del territorio, sino que también promovió el desarrollo agrícola en la zona. No obstante, con el paso del tiempo, la influencia de la orden sanjuanista fue disminuyendo no solo en Tomares sino en toda Castilla. Tras la conquista de Algeciras en 1344 la función militar perdió importancia y con ello la Orden de San Juan que era una institución con un enfoque más militar y hospitalario.  Aquí es donde aparece la Orden de San Francisco, que no eran militares y estaban más centrados en la evangelización y la vida comunitaria, y eran por tanto más adecuados para asumir la organización de la vida religiosa y económica en una zona ya pacificada.

    A comienzos del siglo XV, la Orden de San Francisco había establecido un convento en San Juan de Aznalfarache, desde donde ejerció su jurisdicción sobre varias localidades cercanas, incluyendo San Juan, Tomares y Castilleja. Con su influencia, el paisaje social y económico de la zona se transformó, favoreciendo la consolidación de una comunidad estable, dedicada a la agricultura y cada vez más integrada en las estructuras cristianas de la Baja Edad Media.

    El siglo XIV marcó, por tanto, un punto de inflexión en la historia de Tomares. De una población afectada por las incursiones y replegada en su fortificación, evolucionó hacia un asentamiento en crecimiento, con una población más numerosa y una economía basada en el trabajo de la tierra. La influencia de las órdenes religiosas, en especial la de San Juan y posteriormente la franciscana, resultó clave en esta evolución, preparando el terreno para la configuración de Tomares en los siglos siguientes.

LA ORDEN FRANCISCANA EN TOMARES: UN LEGADO DE FE Y DEVOCIÓN

    La orden franciscana en Tomares: un legado de fe y devoción

    Los franciscanos, una orden religiosa fundada por San Francisco de Asís, llegaron al Aljarafe a comienzos del siglo XV. Su presencia en la región se consolidó con la fundación de un convento en San Juan de Aznalfarache. En 1399, el arzobispo de Sevilla, Gonzalo de Mena, alcanzó un acuerdo significativo con los frailes franciscanos: cedían la ermita de Santa María de las Cuevas a cambio del curato y beneficio de San Juan de Aznalfarache. Este acuerdo marcó el comienzo de una nueva etapa para la orden en la región.

Convento franciscano en San Juan de Aznalfarache
Artículo de Pedro Rueda

    Los frailes terceros franciscanos en un primer momento en el Convento de San Francisco ubicado en la zona de Aznalfarache, que en ese momento pertenecía a Tomares. Hacia 1500 se establecieron en  tomaron posesión de la ermita situada en la Calle Real de Castilleja de la Cuesta, que en aquel entonces también pertenecía a Tomares. Su enfoque era ya menos militar y más religioso, con una marcada cercanía al cultivo de la tierra. Desde allí, extendieron su jurisdicción a San Juan, el propio Tomares y Castilleja donde Fray Felipe de Mesía, un monje franciscano, utilizó la antigua capilla de la hacienda Montefuerte como parroquia para atender a los feligreses de Tomares.

    La presencia de los franciscanos en el actual Tomares se remonta al año 1520, cuando fray Antonio de Tablada, Visitador General de la Orden, otorgó a los frailes la propiedad de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Belén y su feligresía, aunque esta iglesia no se construiría hasta el siglo XVII. La comunidad franciscana, que contaba con pocos bienes, recibió diversas ayudas del cabildo y se dedicó a la cura de almas para las gentes de San Juan y Tomares.

    Los franciscanos eran fervientes defensores del Misterio de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María. Fomentaban la devoción mariana no solo predicando en las iglesias, sino también en plazas y mercados, integrándose entre el pueblo. Desde finales del siglo XV, se empezó a rendir culto a una imagen de la Inmaculada en una ventana a lo largo del Camino Real hacia Niebla y Huelva. Esta imagen se convirtió en un punto de oración para numerosos viajeros, entre ellos Cristóbal Colón. Curiosamente, Colón nombró una de las islas que descubrió en el Nuevo Mundo como “Santa María de la Concepción” en honor a esta devoción.

    La constitución de la Hermandad Sacramental de Tomares comenzó paralelamente a la fundación franciscana, con el objetivo de ampliar el culto y recoger beneficios. Aunque la iglesia no se construyó hasta 1688, la influencia franciscana ya estaba firmemente establecida. En la iglesia de Tomares, junto a la Sacristía, se conserva un lienzo datado de finales del siglo XVII y principios del XVIII, que muestra a San Gabriel con una espada y a los franciscanos otorgando el cordón a los que van al infierno.

    La orden franciscana no solo fundó la Hermandad Sacramental de Tomares, sino que también promovió la advocación a San Sebastián como patrón y a la Inmaculada de Castilleja de la Cuesta. Su legado perdura en la devoción y las tradiciones religiosas de Tomares, testimonio de su profunda influencia en la comunidad.