viernes, 26 de diciembre de 2025

EL ENIGMA DEL ZAUDÍN: MISTICISMO O GEOGRAFÍA

    El término Zaudín es, sin duda, uno de los topónimos más evocadores de Tomares. Para entender su significado, debemos realizar un viaje retrospectivo hacia nuestro pasado andalusí, donde el nombre se bifurca en dos interpretaciones fascinantes: una que mira hacia el espíritu y otra que atiende a la naturaleza del terreno.
    
    Una de las hipótesis más extendidas vincula el nombre con el término árabe "Zaydín", una palabra cargada de connotaciones positivas como felicidad, éxito o buenaventuranza. Algunos estudiosos proponen una etimología de origen árabe compuesta por las raíces Zau (danza) y Dín (religión), lo que se traduciría literalmente como "danza religiosa".
    Esta teoría no es casual. Se apoya en la presencia histórica de un santón sufí que, según las crónicas, vivió y fue enterrado en Subarbul, una antigua alquería situada en los límites entre San Juan de Aznalfarache y Tomares. El sufismo, rama mística del Islam, encontraba en la danza y el gozo un camino para alcanzar la conexión con la divinidad. Así, el Zaudín habría sido, en su origen, un lugar de retiro espiritual y felicidad interior.

    Frente a la interpretación mística, surge la geográfica, que deriva el nombre del vocablo "Saedín", cuyo significado es «brazo de agua» o «tierra entre ríos». Esta descripción encaja con precisión en la orografía de la zona, situada históricamente entre los manantiales de Tomares y la cuenca del Arroyo Riopudio.
Recorrido del Río Pudio
    Este arroyo, conocido antiguamente como Repudio, es la columna vertebral hídrica de nuestra comarca. Con una longitud de 22 kilómetros, nace en el paraje de Heliche (Olivares) y atraviesa el Aljarafe de norte a sur hasta desembocar en el Guadalquivir a la altura de Coria del Río. Su importancia era tal que, a lo largo de su cauce, se suceden hitos históricos como el llamado “Puente Romano”, situado en el cruce del Cordel de Triana-Villamanrique, entre Bollullos de la Mitación y Mairena del Aljarafe.
Puente romano sobre el río Pudio

    Pero la vida en el Zaudín no solo estaba marcada por el agua, sino también por el movimiento. Por un largo trecho paralelo al cauce del Riopudio discurre la Cañada Real de las Islas, una vía pecuaria fundamental para la trashumancia. Por aquí circulaba el ganado que bajaba desde la Meseta castellana en verano hacia los pastos invernales de la Isla Mayor, en las Marismas del Guadalquivir.
    Esta cañada entra por el tajo entre Salteras y Valencina y acompaña al arroyo a escasos 100 o 200 metros de distancia, dibujando un paisaje de tránsito que conectaba el corazón del Aljarafe con las tierras bajas del sur.
    En definitiva, ya sea por la danza espiritual de un santón sufí o por ser el brazo de agua que guiaba a pastores y arrieros, el Zaudín sigue siendo hoy el testimonio vivo de una tierra que siempre supo conjugar la paz del retiro con la vitalidad de sus cauces.


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