viernes, 31 de enero de 2025

ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA: LA FUENTE DE TOMARES EN LA LITERATURA




    Entre la Historia y la Leyenda: La Fuente de Tomares en la Literatura

    La Fuente de Tomares ha sido, desde tiempos remotos, un elemento esencial en la historia y cultura de Sevilla. No solo ha abastecido de agua a la ciudad, sino que también ha inspirado a numerosos escritores y poetas que la han convertido en protagonista de sus relatos. Entre ellos, destaca José Fernández Espino, quien en 1859 escribió el poema La Fuente de Tomares, basado en una antigua leyenda popular que circulaba en la localidad.
José Fernández Espino. Wikipedia

    José Fernández Espino fue una figura relevante dentro del panorama cultural sevillano del siglo XIX. Su contribución a las artes y la literatura lo llevó a presidir la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla entre abril de 1874 y octubre de 1875. Profundamente arraigado en la tradición y el folclore andaluz, su obra refleja un marcado interés por rescatar y embellecer las historias locales. Su poema sobre la fuente de Tomares no es solo una composición poética, sino también un testimonio de cómo las leyendas pueden perdurar a través de la literatura.

    En La Fuente de Tomares, Fernández Espino recoge un relato de metamorfosis, un motivo recurrente en la literatura romántica, donde se entrelazan elementos míticos y sobrenaturales. La historia sugiere que las aguas de la fuente poseen un origen mágico, evocando relatos transmitidos de generación en generación. Con esta visión, el autor no solo refuerza la importancia de la fuente dentro del imaginario colectivo, sino que la eleva a la categoría de símbolo cultural y patrimonial.

    La Fuente de Tomares ha sido mencionada en numerosas obras literarias, lo que demuestra su arraigo en la historia cultural de Sevilla. Entre las referencias más destacadas se encuentran textos de autores como Juan del Mal Lara en 1570, quien la menciona en su "Recebimiento que hizo la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla", Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, en su célebre obra teatral Don Álvaro o la fuerza del sino (1839), y Manuel Fernández y González en la novela Diego Corriente (1866-1867). Incluso en el ámbito de la ciencia, Philip Hauser la menciona en su estudio Estudios médicos-sociales de Sevilla (1882), resaltando sus propiedades medicinales.

    El hecho de que la fuente haya sido citada a lo largo de distintas épocas y en géneros tan diversos demuestra su importancia tanto como recurso natural como en el ámbito simbólico y literario. Desde el Siglo de Oro hasta el Romanticismo, escritores han encontrado en sus aguas y en su historia un motivo de inspiración, perpetuando su legado en la cultura andaluza.

    Así, el poema de José Fernández Espino se erige como un homenaje a esta fuente y a la tradición que la rodea. Gracias a su obra, la Fuente de Tomares sigue viva en la memoria colectiva.

LA CAÑADA REAL DE TOMARES: UN CAMINO HISTÓRICO EN LA MEMORIA DE LA TIERRA

    

Mapa vías pecuarias en Andalucía

La Cañada Real de Tomares: Un camino histórico en la memoria de la tierra

    En el paisaje de Tomares, municipio sevillano de profunda raigambre histórica, se esconde un vestigio de un pasado en el que el trasiego de ganado y el ritmo de la trashumancia marcaban el pulso de la vida rural: la Cañada Real de Tomares. Esta vía pecuaria, hoy parcialmente perdida bajo el avance de la urbanización, fue en su día una ruta esencial para el traslado de rebaños y un testimonio vivo de la conexión entre el ser humano y la tierra.

    ¿Qué era la Cañada Real de Tomares?

    Las cañadas reales eran caminos tradicionales utilizados desde la Edad Media para la trashumancia, es decir, el movimiento estacional del ganado entre las zonas de pastos de invierno y verano. Estas vías, reguladas por la Mesta (una poderosa asociación de ganaderos), formaban una extensa red que cruzaba la península ibérica. La Cañada Real de Tomares era una de estas rutas, que conectaba la campiña sevillana con otras regiones de Andalucía, permitiendo el traslado de ovejas, cabras y otros animales en busca de pastos frescos.

    Aunque no se conoce con exactitud su trazado completo, se sabe que esta cañada formaba parte de un sistema más amplio de vías pecuarias, posiblemente vinculado a rutas principales como la Cañada Real de la Plata, que unía Extremadura con Andalucía. Su función no era solo ganadera; también servía como ruta de comunicación entre poblaciones y como eje de intercambio cultural y comercial.



    El recorrido de la cañada en Tomares

    En el término municipal de Tomares, la Cañada Real debía seguir un trazado que aprovechaba las características naturales del terreno. Aunque el crecimiento urbano ha alterado gran parte de su recorrido, algunos indicios nos permiten reconstruir su posible ruta como la cercanía a Duchuelas. El antiguo núcleo poblacional de Duchuelas, hoy desaparecido, estaba situado cerca de lo que fue el camino que dio origen a la cañada. La necrópolis de Aljamar, descubierta en las inmediaciones, es un testimonio de la importancia de esta zona como punto de paso. De tal forma el actual Callejón Bichuelas, cuyo nombre evoca el pasado de Duchuelas (también llamado Lichuelas en el siglo XVII), podría ser un vestigio del trazado original de la cañada. Su existencia sugiere que la vía pecuaria pasaba por esta zona, conectando las tierras bajas del Guadalquivir con las colinas de la campiña.

    Como era habitual en las cañadas reales, su trazado probablemente seguía vaguadas y laderas, aprovechando los recursos naturales para facilitar el paso de los rebaños. En Tomares, esto se traducía en un recorrido que bordeaba elevaciones suaves y se acercaba a arroyos y fuentes de agua, elementos clave en la cultura islámica y en la práctica de la trashumancia.

    La cañada hoy: Entre el olvido y la memoria

    Hoy en día, la Cañada Real de Tomares es un ejemplo de cómo el desarrollo urbano puede borrar las huellas del pasado. Gran parte de su trazado se ha perdido bajo calles y edificios, pero su legado perdura como hemos señalado en nombres como el Callejón Bichuelas y en los restos arqueológicos que nos hablan de su importancia histórica.

    Sin embargo, la conservación de estas vías pecuarias es fundamental no solo por su valor histórico, sino también por su potencial como rutas turísticas y senderos naturales. En otras partes de España, muchas cañadas reales han sido recuperadas como espacios para el senderismo y el cicloturismo, permitiendo que su memoria siga viva.

BICHUELAS O DUCHUELAS: UN VESTIGIO DE LA HISTORIA MUSULMANA DE TOMARES

    Duchuelas: Un vestigio de la historia musulmana en Tomares

    En el corazón de la historia de Tomares se encuentra un lugar que, aunque hoy desaparecido, fue un núcleo poblacional de gran relevancia durante la época musulmana: Duchuelas. Este enclave, que posteriormente pasó a llamarse Lichuelas en el siglo XVII, es hoy recordado a través del Callejón Bichuelas, un testimonio silencioso de su pasado. La importancia de Duchuelas no solo radica en su existencia como asentamiento, sino también en los restos arqueológicos que han salido a la luz en sus proximidades, ofreciéndonos una ventana al pasado y a las costumbres de quienes habitaron estas tierras hace siglos.

    Uno de los hallazgos más significativos relacionados con Duchuelas es la necrópolis de Aljamar, descubierta en las inmediaciones de lo que se cree fue su ubicación. Esta maqbara, término árabe que designa un cementerio musulmán, alberga 255 tumbas distribuidas en un área de 2300 metros cuadrados. Los estudios arqueológicos sitúan su uso entre los siglos IX y X, un período en el que Al-Ándalus florecía en la península ibérica. La necrópolis de Aljamar no solo es un testimonio de la presencia musulmana en la región, sino también un reflejo de las prácticas funerarias y las creencias religiosas de la época.

    Las maqbaras, como la de Aljamar, solían ubicarse en lugares estratégicos, frecuentemente cerca de fuentes de agua o en las laderas de cerros y montes. Esta elección no era casual, ya que el agua tenía un significado simbólico y práctico en la cultura islámica, asociada tanto a la purificación como a la vida. En el caso de la necrópolis de Aljamar, su ubicación en la parte meridional de una suave elevación del terreno, cercana a una vaguada y próxima al camino que más tarde se convertiría en la Cañada Real de Tomares, cumple con estas características. Este entorno no solo facilitaba los rituales funerarios, sino que también aseguraba que los difuntos descansaran en un lugar tranquilo y respetado.

    El descubrimiento de esta necrópolis ha permitido a los arqueólogos y historiadores profundizar en el conocimiento de la vida y la muerte en la época musulmana. Las tumbas, orientadas según la tradición islámica hacia La Meca, revelan detalles sobre las prácticas funerarias y la organización social de la comunidad que habitó Duchuelas. Además, la presencia de una necrópolis de tal magnitud sugiere que Duchuelas fue un núcleo poblacional de cierta importancia, posiblemente un punto de referencia en la red de asentamientos de la región.
Callejón Bichuela

    Aunque Duchuelas ya no existe como tal, su legado perdura en los restos arqueológicos y en la memoria histórica de Tomares. El Callejón Bichuelas, que lleva su nombre, es un recordatorio de que bajo nuestros pies yacen historias esperando ser contadas. La necrópolis de Aljamar no solo es un tesoro arqueológico, sino también un puente que nos conecta con un pasado lejano, permitiéndonos comprender mejor las raíces de nuestra identidad cultural.

EL REPARTIMIENTO DE TOMARES EN LA RECONQUISTA: UN PROCESO DE REORGANIZACIÓN TERRITORIAL

  


  El Repartimiento de Tomares en la Reconquista: Un proceso de reorganización territorial


    La Reconquista de la Península Ibérica no solo fue un proceso militar y religioso, sino también un fenómeno de reorganización territorial y social que transformó el paisaje y la estructura de las comunidades locales. Uno de los ejemplos más interesantes de este proceso es el repartimiento de tierras en Tomares, un enclave que, aunque abandonado durante siglos, resurge en la documentación del reinado de Alfonso X el Sabio. Este repartimiento no solo refleja la estrategia política y militar de la Corona de Castilla, sino también la complejidad de la repoblación y la reconfiguración de los espacios en el contexto de la Baja Edad Media.


    El repartimiento de Tomares: entre el abandono y la repoblación

    Las fuentes históricas indican que el yacimiento de Tomares (o Tomar/Tomat) había estado abandonado durante siglos antes de la Reconquista. Sin embargo, durante el reinado de Alfonso X, este lugar vuelve a aparecer en la documentación, lo que plantea una pregunta clave: ¿a qué lugar exacto se refieren las fuentes? Una teoría sugiere que el enclave mencionado podría corresponder al yacimiento de Aljamar, donde recientemente se ha descubierto una importante necrópolis musulmana. Este sitio habría sido habitado durante un período indeterminado de la Baja Edad Media o la Edad Moderna, antes de que la población se trasladara nuevamente hacia la zona del antiguo yacimiento romano de Tomares. Este desplazamiento no solo habría afectado a los pobladores, sino también al topónimo, que se habría mantenido a pesar del cambio de ubicación.

Alfonso X

    El papel de Alfonso X en el repartimiento de tierras

    El repartimiento de tierras fue una herramienta clave en la estrategia de repoblación de los territorios reconquistados. En el caso de Tomares, Alfonso X realizó varias donaciones a repobladores cristianos, con el objetivo de consolidar el control sobre la región y garantizar su defensa. Entre los beneficiarios más destacados se encuentran los hermanos Martín y Ponce Valdovín, quienes recibieron un terreno llamado “Lovanina”. Este lugar, que posteriormente cambió su nombre a “Valdovina”, cumplía una función militar estratégica: vigilar la ciudad de Sevilla desde el flanco occidental. De esta manera, el repartimiento no solo buscaba incentivar la repoblación, sino también fortalecer las defensas del reino frente a posibles amenazas.


    La toponimia y la reorganización del territorio

    La toponimia es un elemento fundamental para entender el proceso de repoblación y reorganización territorial. En el caso de Tomares, términos como “Sobarbul” o “Sovuerva” aparecen en documentos de deslinde entre San Juan y Tomares, cerca del límite con Mairena del Aljarafe. Algunos investigadores han sugerido que “Sovuelva” podría estar relacionado con el término “Zaudín”, producto de un proceso de castellanización. Sin embargo, estas hipótesis no están exentas de controversia, ya que también es posible que se trate de dos lugares diferentes, con Zaudín situado al noroeste de Subarbul. Estas discusiones reflejan la complejidad de reconstruir la geografía histórica y la evolución de los topónimos en un contexto de cambios constantes.


    La repoblación como estrategia militar y social

    El repartimiento de Tomares no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de repoblación y control territorial. La Corona de Castilla buscaba asegurar las tierras reconquistadas mediante la instalación de pobladores cristianos, quienes, a cambio de tierras, debían cumplir funciones defensivas y productivas. Este proceso no solo implicó la redistribución de tierras, sino también la reconfiguración de las relaciones sociales y económicas en la región. Los nuevos pobladores, como los hermanos Valdovín, se convirtieron en actores clave en la consolidación del poder cristiano en el Aljarafe sevillano.


    Conclusión

    El repartimiento de Tomares durante el reinado de Alfonso X es un ejemplo ilustrativo de cómo la Reconquista transformó el territorio y la sociedad en la Península Ibérica. A través de la repoblación, la reorganización territorial y la reasignación de topónimos, la Corona de Castilla logró consolidar su control sobre regiones estratégicas como el Aljarafe. Aunque muchas incógnitas persisten en torno a la ubicación exacta de los enclaves mencionados en las fuentes, el estudio de este proceso nos permite comprender mejor las dinámicas de poder, las estrategias militares y las transformaciones culturales que caracterizaron este período histórico. Tomares, con su rica historia y su evolución a lo largo de los siglos, sigue siendo un testimonio vivo de la complejidad y el legado de la Reconquista.

LA GEOGRAFÍA DE TOMARES: UN ENCLAVE PRIVILEGIADO EN EL ALJARAFE SEVILLANO


    La geografía de Tomares: Un enclave privilegiado en el Aljarafe sevillano

    Tomares es un ejemplo perfecto de cómo la geografía puede influir en el desarrollo y la identidad de un lugar. Con una superficie de aproximadamente 5,2 km², el municipio se encuentra en la comarca del Aljarafe, una zona conocida por su belleza paisajística, su fertilidad y su cercanía a la capital hispalense. La geografía de Tomares no solo ha condicionado su historia y su economía, sino que también ha contribuido a convertirlo en uno de los municipios más prósperos y atractivos de la provincia.


    Ubicación y relieve

    Tomares está situado a tan solo 7 kilómetros al noroeste de Sevilla, en la margen derecha del río Guadalquivir. Esta proximidad a la capital andaluza es uno de los factores clave de su desarrollo, ya que permite a sus habitantes disfrutar de la tranquilidad de un municipio residencial sin renunciar a los servicios y oportunidades que ofrece una gran ciudad. Además, su ubicación en el Aljarafe, una comarca formada por suaves colinas y tierras fértiles, le confiere un entorno natural privilegiado.

Término municipal

    El relieve de Tomares es típico del Aljarafe, con lomas y pequeñas elevaciones que no superan los 100 metros de altitud. Este paisaje de colinas, conocido como "aljarafe" (que en árabe significa "tierras altas"), ha sido históricamente aprovechado para la agricultura, especialmente para el cultivo del olivo, la vid y los cereales. Aunque el crecimiento urbano ha transformado gran parte del paisaje, aún se conservan algunas zonas de cultivo y espacios verdes que recuerdan el pasado agrícola del municipio.

Clima en Tomares: temperaturas y precipitaciones


    Clima y vegetación

    El clima de Tomares es mediterráneo con influencias continentales, caracterizado por inviernos suaves y veranos calurosos. Las temperaturas medias oscilan entre los 10°C en invierno y los 35°C en verano, con escasas precipitaciones concentradas principalmente en los meses de otoño y primavera. Este clima, típico de la región, ha favorecido históricamente la agricultura y ha contribuido a la riqueza natural de la zona.

    En cuanto a la vegetación, Tomares cuenta con una flora típica del bosque mediterráneo, compuesta principalmente por encinas, alcornoques, pinos y matorrales como el romero y el tomillo. Aunque el crecimiento urbano ha reducido las áreas naturales, el municipio ha sabido conservar algunos espacios verdes, como el Olivar del Zaudín, que ofrece a los vecinos un lugar de esparcimiento y contacto con la naturaleza.

Laguna en el olivar del Zaudín formada por estancamiento
del arroyo de la Fuente


    Hidrografía y recursos hídricos

    Aunque Tomares no cuenta con grandes ríos dentro de su término municipal, su cercanía al río Guadalquivir ha sido históricamente un factor clave para su desarrollo. El Guadalquivir ha servido como vía de comunicación y comercio, conectando el municipio con Sevilla y otras localidades de la región. Además, el río ha proporcionado recursos hídricos esenciales para la agricultura y el abastecimiento de la población.

    Dentro del término municipal de Tomares, destaca el arroyo de La Fuente, un pequeño curso de agua que, aunque de caudal modesto, ha tenido un papel relevante en la configuración del paisaje y en la vida cotidiana del municipio. 

El arroyo atraviesa el interior del Parque Olivar del Zaudín en Tomares y fluye en dirección noroeste a sureste. Su cauce ha sido renaturalizado en esta área. A lo largo de su recorrido dentro del parque, el arroyo alimenta cuatro lagunas conectadas entre sí, contribuyendo a la biodiversidad y al valor ecológico del entorno. El arroyo ha sido tradicionalmente un punto de referencia en la geografía local, contribuyendo a la fertilidad de las tierras cercanas y sirviendo como recurso hídrico para usos agrícolas y ganaderos en épocas pasadas. Aunque su importancia ha disminuido con el paso del tiempo debido al crecimiento urbano, el arroyo de La Fuente sigue siendo un elemento natural que forma parte del patrimonio geográfico y cultural de Tomares.

 

    Conectividad y desarrollo urbano

    Uno de los aspectos más destacados de la geografía de Tomares es su excelente conectividad. El municipio está bien comunicado con Sevilla y otras localidades del Aljarafe a través de una red de carreteras y autovías, como la SE-30 y la A-49, que facilitan el acceso a la capital y a otras ciudades de Andalucía. Además, cuenta con una estación de tren de cercanías que conecta con el centro de Sevilla en apenas 15 minutos, lo que lo convierte en una opción ideal para quienes trabajan o estudian en la ciudad.

    Esta conectividad ha sido clave para el desarrollo económico y social de Tomares. En las últimas décadas, el municipio ha experimentado un importante crecimiento urbanístico, con la construcción de nuevas viviendas, zonas comerciales y equipamientos públicos. A pesar de este desarrollo, Tomares ha sabido conservar su identidad y su carácter acogedor, lo que lo convierte en un lugar ideal para vivir.


    Conclusión

    La geografía de Tomares es un reflejo de su historia y su presente. Su ubicación en el Aljarafe, su clima mediterráneo, su relieve suave y su cercanía al río Guadalquivir han condicionado su desarrollo desde la época romana hasta la actualidad. Hoy, Tomares es un municipio moderno y próspero, que ha sabido aprovechar su emplazamiento geográfico para crecer sin perder de vista sus raíces. Su excelente conectividad, su entorno natural y su calidad de vida lo convierten en un lugar único en el corazón de Andalucía, un enclave privilegiado que sigue escribiendo su historia.

ALJAMAR: UN VIAJE AL PASADO ROMANO Y MUSULMÁN DE TOMARES


    Aljamar: Un viaje al pasado romano y musulmán de Tomares

    En el corazón de Tomares, una localidad sevillana con una rica historia que se remonta a épocas antiguas, se encuentra Aljamar, un enclave que ha sido testigo de siglos de ocupación humana. Este lugar, hoy en día conocido por su desarrollo urbanístico, esconde bajo sus calles y edificios un pasado fascinante que conecta la época romana con la musulmana, ofreciendo una ventana única a la historia de la región.


    El origen del nombre: ¿Raíces árabes?

    El topónimo "Aljamar" no aparece mencionado en el Libro de Repartimiento de Sevilla ni en otras fuentes árabes conocidas, lo que ha generado cierta intriga entre los historiadores. Sin embargo, el nombre parece tener raíces árabes. Rafael Mérida, experto en toponimia, sugiere que podría derivar del término al-yami ́a, cuyo plural es al-yami ́at. Este término podría estar relacionado con una alquería musulmana o incluso una pequeña aldea que existió en la zona durante la época andalusí. Aunque no hay referencias directas en las fuentes históricas, la presencia de una importante necrópolis islámica en la zona refuerza la idea de que Aljamar fue un lugar de cierta relevancia durante la dominación musulmana.


Enterramiento islámico


    La necrópolis islámica de Aljamar

    Uno de los hallazgos más significativos en Aljamar es la necrópolis islámica, descubierta durante las excavaciones arqueológicas realizadas en el marco del desarrollo urbanístico de la zona. Esta necrópolis, fechada en época almohade (siglos XII-XIII), es un testimonio clave de la presencia musulmana en Tomares. Los enterramientos encontrados siguen el ritual islámico, con los cuerpos colocados en posición decúbito supino y orientados hacia La Meca. Sin embargo, lo más interesante es que la necrópolis no parece estar asociada a un asentamiento residencial cercano, lo que ha llevado a los arqueólogos a plantear la posibilidad de que fuera utilizada por una comunidad que vivía en las inmediaciones, quizás en la alquería que dio origen al nombre de Aljamar.


    La villa romana de Talca de Tolsa

    Pero la historia de Aljamar no comienza con los musulmanes. Bajo los restos de la necrópolis islámica, los arqueólogos han descubierto evidencias de una villa romana que data del siglo I al VI d.C. Este yacimiento, conocido como "Talca de Tolsa", fue inicialmente identificado como un asentamiento rural romano, posiblemente una villa rustica dedicada a la explotación agrícola. Los restos encontrados incluyen materiales constructivos como tegulae (tejas romanas) y imbrices (tejas curvas), así como cerámicas altoimperiales y fragmentos de ánforas, lo que sugiere que la villa estuvo activa durante varios siglos.

    Lo más fascinante es que la ocupación de este lugar no se limitó a la época romana. Los hallazgos arqueológicos indican que la villa continuó en uso durante la época visigoda y, posteriormente, en la etapa musulmana. Esto sugiere una continuidad en la ocupación del territorio, con una transición gradual entre las diferentes culturas que habitaron la región.


    La conexión entre Roma y Al-Ándalus

    La presencia de una villa romana y una necrópolis islámica en el mismo lugar no es casual. Aljamar, o lo que hoy conocemos como tal, fue un punto estratégico en la red de asentamientos rurales que se extendían por el Aljarafe. Durante la época romana, estas villas fueron centros de producción agrícola, especialmente de aceite, que se exportaba a través del río Guadalquivir. Con la llegada de los musulmanes, muchos de estos asentamientos fueron reutilizados, adaptándose a las nuevas necesidades y costumbres.

    En el caso de Aljamar, la necrópolis islámica parece haberse establecido en un lugar que ya tenía un significado especial, posiblemente relacionado con la antigua villa romana. Aunque no se han encontrado evidencias claras de un asentamiento musulmán en la zona, la presencia de la necrópolis sugiere que la comunidad que la utilizaba tenía algún tipo de conexión con el territorio, ya fuera como lugar de enterramiento o como parte de un asentamiento más amplio.


    Conclusiones: Un legado histórico bajo nuestros pies

    Aljamar es, sin duda, uno de los enclaves más interesantes de Tomares desde el punto de vista histórico y arqueológico. Su nombre, de posible origen árabe, nos habla de una época en la que la región estaba bajo dominio musulmán, mientras que los restos de la villa romana de Talca de Tolsa nos remontan a un pasado aún más lejano, cuando el Aljarafe era una zona próspera dentro del Imperio Romano.

Vista de Aljamar. Imagen de la web cielo de Tomares

    Hoy en día, Aljamar es un ejemplo de cómo el desarrollo urbanístico puede coexistir con la preservación del patrimonio histórico. Aunque gran parte de los restos arqueológicos han quedado ocultos bajo las nuevas construcciones, las excavaciones realizadas en la zona han permitido rescatar fragmentos de un pasado que sigue vivo en la memoria de Tomares. Aljamar no es solo un barrio más; es un lugar donde la historia se entrelaza con el presente, recordándonos que bajo nuestros pies yacen siglos de historias esperando ser contadas.

TOMARES EN ÉPOCA ROMANA: UN CRISOL DE HISTORIA, CULTURA Y RIQUEZA AGRÍCOLA


    Tomares en época romana: un crisol de historia, cultura y riqueza agrícola

    La historia de Tomares se remonta a tiempos remotos, cuando el territorio que hoy conocemos como el Aljarafe sevillano era un enclave estratégico y fértil, codiciado por civilizaciones que dejaron su huella en estas tierras. En este recorrido por la antigüedad, nos adentramos en la época romana, un período que marcó profundamente la identidad de Tomares y su entorno. Desde la llegada de los romanos a finales del siglo III a. C. hasta la crisis del siglo III d. C., esta región fue testigo de transformaciones políticas, económicas y culturales que sentaron las bases de lo que hoy es este municipio.

Grabado del pintor Hoefnagel con las ruinas de Osset 
a la derecha. Imagen del blog Homo del Castillo

    La llegada de los romanos y la fundación de Itálica

    La presencia romana en la península ibérica comenzó a consolidarse a finales del siglo III a. C., y Tomares no fue ajeno a este proceso. En aquel entonces, el oppidum turdetano de Osset, situado en un lugar elevado y estratégico, desapareció como tal, pero su importancia no decayó. Los romanos, conscientes de su valor, mantuvieron Osset como un punto clave en su red de control territorial, rebautizándolo como Osset Iulia Constantia. Este enclave, situado en el cerro Chavoya (hoy conocido como Cerro de los Sagrados Corazones), dominaba la cornisa del Aljarafe y ofrecía una vista privilegiada del Lacus Ligustinus, el antiguo estuario del Guadalquivir.

    La fundación de Itálica en el año 206 a. C., cerca de la actual Santiponce, fue un hito crucial. Esta ciudad no solo sirvió para asentar a los soldados licenciados tras las guerras púnicas, sino que también se convirtió en un centro de control sobre las poblaciones no romanas. Itálica y Osset, junto con Hispalis (Sevilla), formaron un triángulo de poder que organizó y administró el territorio de manera eficiente.

Cerro de Chavoya

    Osset Iulia Constantia: un enclave estratégico

    Osset Iulia Constantia, la Osset romana, se convirtió en un núcleo importante dentro de la provincia Bética. Amurallada y situada en un cerro de 50 metros de altura, esta ciudad controlaba un territorio que abarcaba los actuales términos de Gelves, Mairena, Castilleja, Espartinas, Tomares y San Juan. Las monedas acuñadas en Osset, con la figura de un hombre portando un racimo de uvas, son un testimonio de la importancia agrícola de la región, especialmente en la producción de vino.

    Las villas romanas: el germen de los pueblos actuales

    Uno de los legados más significativos de la época romana en Tomares fue la organización del territorio en villas. Estas explotaciones agrícolas, que combinaban residencias señoriales con tierras de cultivo, fueron el germen de muchos de los pueblos actuales. En Tomares se han identificado al menos siete villas romanas, cada una con sus propias características y nivel de riqueza.

    Entre ellas destacan la villa de Talca de Tosa, en Aljamar, que perduró hasta la época musulmana; la villa de El Carmen, una explotación tipo granja; y la villa situada en el casco urbano de Tomares, en torno a la actual Plaza de la Constitución. Esta última, conocida posteriormente como Zaudín Bajo, se beneficiaba de las aguas subterráneas que brotaban en la calle La Fuente, lo que la convirtió en un nodo de poblamiento importante.

Otras villas, como la de Santa Eufemia, eran explotaciones de lujo, como lo demuestran los mosaicos y teselas encontrados en la zona. Esta villa, que perduró desde el siglo I hasta el IV d. C., fue un ejemplo de la opulencia que alcanzaron algunas de estas propiedades.

    Restos arqueológicos: testimonios de un pasado glorioso

    Los hallazgos arqueológicos en Tomares nos permiten reconstruir parte de su historia romana. Entre ellos destaca la estatua de Diana, diosa de los bosques y los animales, encontrada en la calle Colón. Esta figura, vinculada al culto oleario de Hispalis, confirma la importancia de la región en la producción de aceite. También se han localizado restos de un molino romano en Santa Eufemia, una necrópolis en la Cuesta y una cabeza esculpida de un anciano, entre otros vestigios.

    Las vías de comunicación: el tejido conectivo del imperio

    Tomares no solo fue un centro agrícola, sino también un punto clave en la red de comunicaciones romana. Las principales vías, como la que unía Hispalis con Itálica y Emérita Augusta, pasaban por esta región. Además, existían caminos secundarios y veredas que conectaban las villas y los núcleos poblacionales, facilitando el comercio y el movimiento de personas.

    La crisis del siglo III y el episodio de Villa Sangre

    La decadencia del Imperio Romano no pasó desapercibida en Tomares. La crisis del siglo III, marcada por la inflación, la disminución de las exportaciones y la inestabilidad política, afectó profundamente a la región. Sin embargo, el episodio más dramático fue la invasión de los vándalos silingos en el siglo V. Estos pueblos bárbaros, en su avance por la península, arrasaron la zona conocida como Villa Sangre, cerca de la actual Plaza Príncipe de Asturias. Este trágico evento dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de la región.

    Conclusión: un legado que perdura

    La época romana en Tomares fue un período de esplendor y transformación. Desde la fundación de Itálica hasta la organización del territorio en villas, pasando por la importancia estratégica de Osset Iulia Constantia, esta región fue un crisol de historia, cultura y riqueza agrícola. Los restos arqueológicos y las vías de comunicación nos recuerdan que, bajo el suelo que hoy pisamos, yace un pasado glorioso que sigue vivo en la memoria de Tomares.

OSSET Y TOMARES EN LA ÉPOCA ROMANA: DOS PILARES DEL ANTIGUO ESTUARIO DEL GUADALQUIVIR


    Osset y Tomares en la época romana: dos pilares del antiguo estuario del Guadalquivir


    El antiguo estuario del Guadalquivir fue un escenario clave durante la época romana, donde se desarrollaron importantes núcleos de población que aprovecharon los recursos naturales y la estratégica ubicación de la región. Entre estos asentamientos, destacan Osset y Tomares, dos localidades que, aunque con funciones diferentes, jugaron un papel fundamental en la organización territorial y económica de la Bética romana. En esta entrada, exploraremos cómo estas dos localidades contribuyeron al desarrollo de la región y qué huellas han dejado en la historia de Tomares.



    Osset: un enclave estratégico en el Guadalquivir

    Osset, conocida también como Osset Iulia Constantia, fue una ciudad romana situada en la margen derecha del Guadalquivir, cerca de lo que hoy es San Juan de Aznalfarache. Su posición elevada le permitía controlar visualmente el estuario y las principales vías de comunicación, tanto terrestres como fluviales. Esta ubicación privilegiada convirtió a Osset en un centro administrativo y comercial de gran importancia durante la época romana.

Las fuentes clásicas, como Plinio el Viejo, y las inscripciones epigráficas encontradas en la zona confirman la relevancia de Osset. La ciudad formaba parte de la red de asentamientos romanos en la Bética y estaba estrechamente vinculada a otras urbes importantes como Hispalis (Sevilla) y Gades (Cádiz). Su función principal era la gestión del territorio y la explotación de los recursos agrícolas, que se transportaban a través del río hacia otros puntos del imperio.

Centro de interpretación de Osset Julia Constancia en San Juan de Aznalfarache

    Las excavaciones arqueológicas han revelado restos de murallas, edificios públicos y viviendas, así como cerámica y monedas que atestiguan su actividad económica. Además, las necrópolis descubiertas en la zona nos ofrecen una visión de las prácticas funerarias y la composición social de sus habitantes. Osset no solo fue un núcleo de poder, sino también un reflejo de la capacidad de los romanos para organizar y explotar eficientemente el territorio.

    Tomares: el corazón agrícola de la región

    Mientras Osset destacaba como centro administrativo, Tomares se consolidó como un ejemplo de asentamiento rural dedicado a la explotación agrícola. Situado en las cercanías del Guadalquivir, Tomares formaba parte de un sistema de villas romanas que se extendían por las márgenes del estuario. Estas villas eran el motor de la producción agropecuaria, abasteciendo a las ciudades cercanas y contribuyendo a la economía del imperio.

    En Tomares se han encontrado restos de una villa romana que incluyen estructuras relacionadas con la producción de aceite y vino, dos de los productos más importantes de la Bética. Entre los hallazgos destacan las prensas de aceite (trapetum), los almacenes (horrea) y las áreas residenciales decoradas con mosaicos y pinturas murales. Estos elementos indican que la villa pertenecía a una familia de cierto nivel económico y social, probablemente vinculada a la élite local.

    Además, Tomares estaba conectado con otros asentamientos a través de una red de caminos y vías fluviales, lo que facilitaba el transporte de productos hacia los mercados regionales y el puerto de Hispalis. Esta integración en la red comercial romana refleja la importancia de la agricultura en la economía de la región y cómo Tomares se convirtió en un enclave clave para la producción y distribución de bienes.

    La dinámica territorial y económica

    El poblamiento romano en las márgenes del Guadalquivir se caracterizó por una organización jerárquica del territorio. Ciudades como Osset actuaban como centros administrativos y comerciales, mientras que asentamientos rurales como Tomares se dedicaban a la producción agrícola. Esta estructura permitía una explotación eficiente de los recursos y una integración efectiva en el sistema económico del imperio.

    El río Guadalquivir jugó un papel fundamental como eje de comunicación y transporte. Su navegabilidad facilitaba el movimiento de mercancías y personas, lo que contribuía a la prosperidad económica de la región. Además, la construcción de infraestructuras como puentes, calzadas y puertos refleja el alto grado de desarrollo alcanzado durante la época romana.

    Conclusión: el legado de Osset y Tomares

    La historia de Osset y Tomares nos permite entender cómo los romanos organizaron y explotaron el territorio en las márgenes del Guadalquivir. Osset, como enclave estratégico y administrativo, y Tomares, como centro de producción agrícola, son dos ejemplos de cómo la región se integró en la economía y la administración del imperio romano.

    Hoy, las huellas de este pasado romano siguen presentes en Tomares, desde los restos arqueológicos de la villa hasta la influencia de la agricultura en la identidad local. Estudiar estas localidades no solo nos ayuda a reconstruir la historia antigua de la región, sino que también nos conecta con las raíces de nuestro territorio y su evolución a lo largo de los siglos.

En definitiva, Osset y Tomares son dos pilares que nos recuerdan la importancia del Guadalquivir como eje de vida y desarrollo, un legado que sigue vivo en la historia y la cultura de nuestra comunidad.



EL TESORO DE TOMARES: UN VIAJE AL PASADO A TRAVÉS DE LAS MONEDAS ROMANAS

   

Tesoro de Tomares actualmente en el Museo Arqueológico
Imagen de Wikipedia

    El Tesoro de Tomares: Un Viaje al Pasado a Través de las Monedas Romanas

    En abril de 2016, durante unas obras rutinarias en el parque del Olivar del Zaudín, un grupo de operarios hizo un descubrimiento que cambiaría para siempre la historia de Tomares. Lo que inicialmente parecía un conjunto de piedras o restos arqueológicos menores resultó ser uno de los hallazgos numismáticos más importantes de España: un tesoro de más de 600 kilogramos de monedas romanas, datadas entre los siglos III y IV d.C. Este descubrimiento, calificado como único en su género, no solo ha arrojado luz sobre el pasado romano de la región, sino que también ha generado un enorme interés entre arqueólogos, historiadores y el público en general.


    Un Tesoro de Dimensiones Extraordinarias

    El tesoro, compuesto por unas 53.000 monedas de bronce, fue encontrado en 19 ánforas de origen romano. Estas monedas, conocidas como follis, estaban en un estado de conservación excepcional, gracias a que habían permanecido enterradas durante más de 1.600 años. Según los expertos, el valor de estas monedas en su época habría sido suficiente para pagar los salarios de un ejército completo durante varios meses, lo que sugiere que el tesoro pudo estar relacionado con el pago de impuestos o con fondos destinados a financiar operaciones militares.

    Las monedas están acuñadas con los rostros de emperadores romanos como Maximiano y Constantino, figuras clave en la historia del Imperio Romano. Este detalle no solo confirma la antigüedad del tesoro, sino que también permite a los historiadores situar el hallazgo en un contexto político y social turbulento, marcado por las reformas administrativas y militares de la Tetrarquía, un sistema de gobierno establecido por el emperador Diocleciano.

Ánforas con las monedas en el Olivar del Zaudín


    El Misterio de su Origen

    Uno de los aspectos más fascinantes de este descubrimiento es el misterio que rodea su origen. ¿Por qué alguien enterraría tal cantidad de monedas? Las hipótesis son variadas. Algunos expertos sugieren que el tesoro pudo haber sido escondido durante un período de inestabilidad política o militar, como una forma de proteger la riqueza de posibles saqueos. Otra teoría apunta a que las monedas podrían haber sido parte de un cargamento destinado a pagar impuestos o a financiar obras públicas en la región.

    Además, el hecho de que las monedas estuvieran guardadas en ánforas, recipientes típicamente utilizados para transportar líquidos como vino o aceite, añade otro nivel de intriga. ¿Fueron reutilizadas estas ánforas para ocultar el tesoro? ¿O acaso formaban parte de un cargamento más amplio que nunca llegó a su destino? Estas preguntas siguen sin respuesta, pero lo que está claro es que el tesoro de Tomares es una ventana única al pasado, que nos permite imaginar cómo era la vida en la Hispania romana.


    El Proceso de Restauración y Estudio

    Tras su descubrimiento, las monedas fueron trasladadas al Museo Arqueológico de Sevilla, donde un equipo de expertos se encargó de su restauración y estudio. Este proceso ha sido minucioso y complejo, ya que las monedas, aunque bien conservadas, requerían una limpieza y estabilización cuidadosas para evitar su deterioro. Gracias a este trabajo, se ha podido identificar no solo a los emperadores representados en las monedas, sino también detalles sobre su acuñación y circulación.

    El estudio de las monedas ha revelado que muchas de ellas fueron acuñadas en cecas (casas de moneda) ubicadas en ciudades como Roma, Treveris (actual Tréveris, en Alemania) y Lyon, lo que demuestra la extensa red comercial y administrativa del Imperio Romano. Además, el análisis de las inscripciones y símbolos en las monedas ha proporcionado información valiosa sobre la iconografía y la propaganda imperial de la época.


    Un Legado para el Futuro

    El tesoro de Tomares no solo es un hallazgo arqueológico de gran valor histórico, sino también un recordatorio de la riqueza cultural que yace bajo nuestros pies. Su descubrimiento ha puesto a Tomares en el mapa de la arqueología mundial, atrayendo a investigadores y turistas interesados en conocer más sobre este fascinante capítulo de la historia romana.

Además, el tesoro ha impulsado iniciativas para preservar y difundir el patrimonio arqueológico de la región. El ayuntamiento y la Junta de Andalucía han trabajado en conjunto para garantizar que las monedas sean adecuadamente conservadas y expuestas al público, permitiendo que generaciones futuras puedan apreciar este legado. En la actualidad, las monedas del tesoro romano de Tomares se encuentran en el Museo Arqueológico de Sevilla, donde han sido trasladadas para su restauración, estudio y conservación

    En definitiva, el tesoro de Tomares es mucho más que un conjunto de monedas antiguas. Es un testimonio del esplendor del Imperio Romano, un enigma histórico que desafía nuestra comprensión del pasado y un símbolo del potencial que aún tiene la arqueología para sorprendernos. Cada moneda cuenta una historia, y juntas, nos invitan a viajar en el tiempo para descubrir los secretos de una civilización que, aunque desaparecida, sigue viva en sus huellas.